El Poder de Dios
      
Aprobados por la Diócesis de Orange

¿Qué te dejo el año viejo?

 

 

 Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.

Un año que se va y un año en pañales. Qué hermoso es saber que para muchos de nosotros, el año ya pasó y que ya no tendremos los mismos problemas en el año venidero. Bueno en una cosa tenemos razón, los problemas no será lo mismo, más bien, tendremos nuevos y diferentes. Pero sabemos que en medio de todos esos problemas que tuvimos o que tendremos o que posiblemente tenemos en estos momentos, el amor de Dios nunca nos ha abandonado. Veamos a nuestro alrededor y veremos que su grandeza ha estado en nuestras vidas.

Notemos por ejemplo a don Juan, el panadero que vivía en el barrio "Las Calderas" Este hombre, siempre vivió enamorado de su trabajo y dedicaba 20 horas diarias a hacer el pan diario. Muchos le decían: "Don Juan, usted siempre trabajando" "Claro" respondía con sonrisa en sus labios. "La vida exige que trabajemos, sino imaginase usted, cómo vamos a darle de comer a nuestros hijos" Y durante muchos años vivió de esa manera, trabajando sin descansar, ni siquiera para festejar el cumpleaños de uno de sus hijos.

La esposa de don Juan, una mujer bella (como cada una de las que leen esta reflexión), dedicaba tiempo en su hogar haciéndola de mamá y papá, pues su marido nunca se encontraba en casa. Pero al paso de los años, empezó a sentirse sola y esa soledad qué iba creciendo al pasar de los días, semanas y meses, terminó por desesperarla y se dijo así misma: "Soy una mujer que se está haciendo vieja y no he disfrutado del verdadero amor..." Pausó por un momento y continuó: "Tengo que disfrutar la vida, la poca que me queda y hacer lo que nunca he hecho por respeto a mi esposo" ¿Qué tenía en mente esa mujer que aparentemente tenía todo cuanto una mujer deseaba tener? Claro, si su esposo trabajaba como "burro", para darle lo mejor y tenerla como una reina.

Doña María (así se llamaba), Empezó a beber alcohol, y al paso del tiempo comenzó a buscar las caricias de otro hombre, que le brindó la atención que tanto le hacía falta de su marido. Los hijos crecieron desprendidos de sus padres y uno por uno fueron buscando hacer sus vidas de acuerdo a lo que ellos veían a su alrededor. Carlos se dedicó a la bebida lo que al principio hacía a escondidas por miedo a lo que su papá le fuera a decir, pero al darse cuenta que aunque alcoholizado nadie le ponía atención, decidió por hacerlo abiertamente y entraba a su casa (no digo hogar, pues en ese lugar no existía el calor de familia), borracho, trastumbando y maldiciendo a viva voz la vida que llevaba. A Marisol, su tío la abusó sexualmente y a los catorce años, quedo embarazada y de un golpe el tío la hizo abortar. Poco tiempo después, empezó a buscar la prostitución y la drogadicción, pues para ella ese era el escape a una cruel realidad que vivía en esa casa.

A todo esto don Juan nunca se enteró. Él pensaba que su familia era perfecta, pues decía: "Mi familia tiene todo lo que yo nunca tuve" Y eso lo hacía sentirse particularmente orgulloso. Aunque escuchaba chismes de la gente sobre su mujer y sus hijos, él nunca lo quiso aceptar. Así pasaron los años y en el mes de febrero, del 2002, su hija es encontraba muerta, apuñalada 20 veces y dejada como desperdicio, en un lugar cercano al basurero de la ciudad. "¿Quién fue el desgraciado que asesinó a mi niña? Gritaba don Juan y desconsolado lloraba la pérdida de su hija. Cuando terminó el funeral, decidió tomar un par de días para sí mismo. Salió de la capital hacia el interior. No avisó a nadie de cuando regresaría. A los dos días regresó sin que nadie se fijara y al entrar a su casa, se da cuenta que su hijo está tirado en el patio, y al acercarse a él, ve que está totalmente drogado, con los ojos rojos saltados, la piel amarilla como huevo podrido y el hígado totalmente inflado, como un globo a punto de reventar. "¿Qué tienes hijo?" Pregunta angustiado. A lo que Carlos no responde, pues su estado era como si estuviera muerto. Don Juan lo toma entre sus brazos y lo lleva a adentro de la casa y al entrar, se queda congelado al ver lo que sucedía en el medio de la sala. Era su esposa que con su amante, disfrutaban del momento de pecado. En ese instante don Juan sintió morir. Su rostro pálido y su cuerpo frío desde la cabeza hasta los pies. Su hijo todavía en sus brazos a punto de morir. Su esposa al verlo, avienta a un lado a su amante y desconsolada empieza a llorar y corriendo, sale rumbo a la cocina y tomando el cuchillo más grande regresa de nuevo a la sala, en donde don Juan permanecía estupefacto y sin más doña María le grita: "¡Es tu culpa infeliz!" y en ese momento de golpe, se ensarta el cuchillo en el corazón. A don Juan, todo le daba vueltas a su alrededor, su corazón le palpitaba rápido como queriendo salirse de su pecho, y cuando menos lo esperaba, perdió el sentido cayendo fulminado con un ataque al corazón. A los minutos, el hijo con un vómito, murió.

Que tremendo es saber que hay muchos de nosotros que esperamos en lo material, despreocupándonos de todo lo que en realidad tiene valor. Si me atreviera a preguntar en este momento a tu corazón: ¿Qué fue lo que viviste este año que terminamos? ¿Qué me responderías? Viviste preocupado por las faltas de ropa, de techo y de todo lo material en tu vida, o viviste y moriste para el Señor, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. (Mt. 6:25-34) Solamente en Dios podremos realmente compartir la verdadera necesidad en medio de nuestra familia. Sólo en Jesús se vive en el amor que se comparte como algo principal en cada uno de nuestros hijos y cónyuges y solamente en el Espíritu Santo, podremos verdaderamente vivir la plenitud, la anchura, la longitud y la profundidad del amor del Padre, siempre esperando en él, sin quejabanzas y sobre todo compartiendo, no con cosas materiales, más bien, con un simple: "¡Te amo!", Pues el decir esa expresión, es más valiosa que el regalo más caro que alguien pudiera darnos. Recuerda, don Juan no disfrutó del amor que sentía por su familia y terminó perdiéndolo todo, por querer dar todo lo material. Si tan siquiera hubiere dado su presencia; si tan siquiera hubiese dicho a su esposa e hijos: "¡Los amo!" Él, en este momento tuviese lo que perdió.

Debemos empezar primero por comprender que lo que vivimos en este mundo, es temporal y por lo tanto hay que vivir a plenitud cada instante mientras respiremos, comportándonos rectos y honestos ante el Señor y sobre todo compartiendo nuestro tiempo con los que amamos.

Hoy se nos da una nueva oportunidad de emendar nuestros errores del año que terminamos y que lo que vivimos nos haya servido de experiencia para ser mejores, para darnos unos a otros en armonía y paz. Eso es lo que realmente deseamos en medio de nuestros hogares; armonía y paz.

Ciertamente las calamidades y momentos turbios que vivimos con nuestros cónyuges alcohólicos, nuestros hijos drogadictos o pandilleros quienes llevados por el abandono y falta de amor y atención de parte nuestra, se entregan a la prostitución del mundo y la destrucción de sus almas. Pero todo eso no nos debe de desanimar; por el contrario debemos de ver la luz al final del túnel y nunca perder las esperanzas de un mañana mejor; de un mañana en el que la gracia de Dios habitará en cada uno de los corazones de todos los que amamos y porque no decirlo, especialmente de nosotros mismos.

Que este año que pasó, haya sido una experiencia vivida, para ser mejores en el año venidero y no terminemos como la casa de don Juan el panadero. Ama y serás amado; Respeta y serás respetado y sobre todo dedica tu vida a amar a tu familia y que sea ella, la que te ayude a encontrar el verdadero descanso que solamente una familia unida en Cristo puede alcanzar.

Te deseamos un prospero año nuevo de parte de nuestra familia Pan de Vida

Dios te bendiga abundantemente

En el amor de Jesús

René Alvarado

Pan de Vida, Inc.

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