El Poder de Dios
      
Aprobados por la Diócesis de Orange

De la muerte a la vida

 

 

Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.

En este mes de noviembre, estamos celebrando el fin de nuestro calendario litúrgico y por lo mismo, despidiendo un año más de bendiciones para el pueblo cristiano.

En las lecturas de estos domingos se nos habla sobre la importancia de perseverar en nuestras oraciones y no dejarnos vencer por todas aquellos momentos en los que nos hemos sentido desfallecer por los problemas o situaciones difíciles que atravesamos día con día.

Es posible que nuestros dolores y sufrimientos sean motivo de tomar rumbos y senderos que solamente nos llevan a la destrucción. Hay gente que bebe alcohol y/o se droga por el motivo de sus penas y dice que lo hace para olvidar, pero cuando se les pregunta y si logran olvidar sus dolores mientras están embriagados o drogados la respuesta es casi siempre lo mismo: "Entre más tomo, más recuerdo" Entonces el proceso de deterioro se hace más profundo pues no solamente tiene el problema por cual bebe, sino que además adquiere uno nuevo: el de la enfermedad del alcoholismo.

Hay otras personas que han sido dañadas por sus parejas y por sentirse dolidas por el abuso cometido en contra de ellos, piensan en la venganza, para que "sientan lo que me hizo sentir a mí".

La realidad es que si nos dejamos conducir por todo lo negativo en nuestras vidas, nunca lograremos "sentirnos" bien pues el lado oscuro de la vida se hace aun más profundo cuando buscamos consolarnos de la manera equivocada, cualquiera que esta sea.

Las lecturas de los evangelios durante este mes nos hacen un llamado claro a permanecer unidos en una relación intima con el Señor a través de nuestro constante dialogo. Claro que hay momentos en los que pensamos que él no escucha y eso nos lleva a pensar que es mejor buscar ayuda fuera de su amor pues si no responde en el momento que nosotros le pedimos, entonces a lo mejor él no existe.

Dios en su infinito amor quiere que todos nos liberemos de las cosas que nos afligen, pero también es importante saber que en ese mismo amor eterno, nos permite atravesar situaciones o conflictos en los que va purificando nuestras vidas para al final alcanzar lo deseado.

El problema es que como seres humanos, tenemos que palpar el milagro de la misma forma en la que palpamos el problema. Si yo perdí a mi madre, mi padre, mi hijo o quién sea mí ser querido, y no estoy completamente abierto a la voluntad de Dios, entonces voy a creer que Dios es malo pues me quito al ser que más amaba. Lo mismo sucede cuando nos diagnostican una enfermedad terminal: "Si Dios existe, por qué me dio está enfermedad" Y en vez de acercarnos a él, preferimos alejarnos ya que no podemos comprender que por medio de esa enfermedad, su nombre será glorificado, inclusive aun así nuestra alma fuera levantada por él.

Es difícil poder comprender esto a profundidad, especialmente cuando no vivimos esa realidad en nuestras propias vidas. Puede ser que alguien esté pensando que lo que hablo aquí es fácil para mí decirlo, pero la realidad es que aunque parezca que lo digo fácilmente, es duro poder realizarlo en mi propia vida. Yo también perdí a mi madre que por consecuencia de su alcoholismo falleció; Aunque Dios le dio la salvación por medio de un retiro de iniciación, el daño que ella misma se había hecho fue lo que la llevo a su tumba. Por medio de su muerte pude comprender el amor infinito de Dios en mi vida, pues para mí fue un proceso que empezó mucho antes de que ella falleciera. Un proceso de sanidad interior en el que pude comprender que lo que yo vivía a diario era solamente el de vivir por vivir, sintiéndome dolido por el mismo abandono que mi madre hiso con sus hijos por buscar un escape y una venganza a lo que mi padre le había hecho.

Es curioso ver que lo que comparto aquí en estas líneas, me hace sentirme aun más seguro del amor tan profundo de Dios para mi persona. Como él tuvo compasión de mí, de mi madre y en realidad de toda mi familia al permitirnos llevar un proceso de desolación por tantos años y no descubrir su infinito amor si no que hasta años después, aun sabiendo que él estaba allí presente en cada momento de nuestro existir.

Es interesante saber que un día a la edad de 14 o 15 años llegué a decir que Dios no existía por el infierno en el vivíamos. Aun así, sin darnos cuenta, él siempre estuvo a nuestro lado. Aunque pareciera que no, por todos los dolores y sufrimientos que el alcoholismo mis padres causaba en el hogar puedo decir viendo hacia atrás que verdaderamente él nos acompañó en todo momento. Hoy veo y vivo una realidad distinta a la que viví en todos esos años; hoy puedo decir con toda libertad que el tiempo que dedique a la oración, tuvo su recompensa aun en medio de la muerte de mi madre y la pérdida de mí hermano el menor.

Claro que todos tenemos nuestro propios momentos de desolación y que así como Dios nos ha creado con nuestras propias características, podemos decir también que las pruebas que se nos permiten, son muy particulares en cada uno de los que hoy leemos. Pero más sin embargo, me atrevo a decir que por muy oscuro que sea nuestro proceso hacia la santidad, que hay un Dios que tiene poder para darnos la luz a nuestras tinieblas. Es sencillo y no se nos pide mucho, es simplemente orar y aceptar con coraje y valentía lo que vivimos en medio de nuestro propio desierto.

La primera lectura del domingo 4 de noviembre nos dice: "Porque tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho; pues si hubieses aborrecido alguna cosa, no lo habrías creado. ¿Y cómo podrían existir las cosas, si tú no lo quisieras?" Sab 11:22ss

Que tremendo es darnos cuenta que si estamos vivos es porque él nos ama y si nos ha levantado en gloria no significa que no nos ama, al contrario, es cuando más profundo experimentamos ese amor eterno pues pasamos de una vida terminal a una eterna a su lado. Es por eso que, en momentos duros, deseo salir de esta tienda de campaña como nos dice Pablo, y estar a su lado, en donde no existirán más penas ni dolor y nuestras lágrimas serán secadas por su infinita misericordia.

Es que morir no es el fin para los que nos aferramos a su misericordia; morir es dar un paso a una vida nueva, es decir, que para los que permanecemos fieles en lo malo de la vida, seremos glorificados en la eternidad. Ya bien los dice el Evangelio de San Lucas: "Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven" (Evangelio según San Lucas del domingo 11 de noviembre) También debemos de comprender que estoy hablando de la muerte que sucede como parte de la vida y no de la muerte que deseamos para terminar con nuestros problemas, porque esa muerte nos lleva de una vida llena de conflictos a una muerte en donde existe el llanto y la desolación eterna; en donde no disfrutaremos de la luz de Cristo, sino el fuego del sufrimiento.

Hoy pues hermano de mi corazón, te hago la invitación a que dobles tus rodillas y en plena confianza comparte con el Señor lo que te sucede y en vez de maldecir tu vida, sonríe y déjate llenar de todo su amor, pues en medio de las pruebas, por muy difíciles que estas puedan ser, debemos de siempre adorarle con todo el corazón y no hablo de glorificarle por lo que estamos viviendo, más bien, alabarle en medio de todo ello y entonces veremos la gloria de Dios manifestado en su Hijo Jesucristo y derramado en nuestras vidas como una lámpara para iluminar nuestra oscuridad.

Por eso en este mes celebramos a Cristo Rey y como tal debemos de abrirnos a su amor y a su plenitud. Decláralo Rey de tus dolores y sufrimientos y entonces verás como tu vida la vives mejor.

Por el mismo amor de Cristo, envíanos tu ofrenda de amor para seguir alcanzando almas a los pies de Jesús.

Si tienes algún negocio y deseas anunciarte en nuestro programa, puedes llamarnos al teléfono indicado abajo. Ayúdanos a seguir evangelizando.

Escucha predicaciones que van a transformar tu vida  en la sección de audio. Gracias por la ofrenda que enviarás el día de hoy. Nuestro teléfono es el 714-751-7010

Dios te bendiga abundantemente

En el amor de Jesús

Pan de Vida, Inc.

 

Regreso al principio

Otras  reflexiones       

Si deseas que oremos por ti,
ponte en contacto con nosotros aquí